Me puse muy pretenciosa y entonces, estoy en este blog ingresando comentarios de la mejor literatura. Y no digo la mejor para niños y jóvenes. Digo la mejor. Liliana es una escritora que descubrí hace poco. De esos nombres que eran referencia permanente y que no das con ellos hasta que llega el momento.
Empecé con su Saga de las Tierras Fértiles y luego este libro.
Hace unos meses, un año, quizá, estaba viendo un video de Leila Guerriero, en que nombraba este libro. El titulo me pareció interesante, porque yo, me llamo Rosa Elisa, así que en un título aparecen mis dos nombres. Y si te nombran, es como que te llaman. En Montevideo el libro...ni en figurita. Así que cuando fuimos a Córdoba con Débora, busqué y sin ninguna dificultad lo encontré. Pero tengo taaanto pendiente que quedó por ahí. En este momento de confinamiento dije, obvio vamos por este que espera con paciencia y promete dar momentos de buena lectura.
No me defraudó. Me conmovió, como debe hacer un libro.
Liliana escribió este libro en viaje. Fue al norte Argentino. A Tilcara. Esta novela es resultado de ese viaje. Ahí otra cosa que me llama: Tilcara. Hace tiempo que me viene llamando ese lugar. Si logro llegar ahí, sabré por qué, hoy sólo lo sueño.
Elisa, vive con su abuela en Santa Fe. En la villa. En el barrio de los pobres, de los negros. Elisa es rubia, como Irene su madre. Pero vive con Rufina, la abuela. Porque Irene y Chejuán se fueron a cantar cumbia, por los caminos, por pueblos y ciudades. Prometen volver. Pero...se tardan.
Elisa va a un hogar católico, donde aprende a planchar. Tarea adecuada para niñas pobres. Planchar la ropa ajena. Beatriz, una piadosa voluntaria del hogar le acerca poesía. Elisa lee. Tienen una relación, pero Beatriz es caritativa, no solidaria. Da a otro que tiene menos. ESto se ve muy claro. Liliana Bodoc sabe hacernos ver esa diferencia.
Elisa crece en un barrio marginal, donde no es querida, por ser rubia, diferente.
Viaja al norte. Donde una tía le promete ayuda. Pero prometer no es lo mismo que dar. El que da tiene siempre el deseo de imponer, de condicionar su ayuda. Asì que vuelve a emprender viaje. Esta vez a Tilcara. Ahí está Abel Moreno.
"Abel Moreno vive en Tilcara. Es viejo, y escasamente abandona su silla de paja....Y un atardecer caluroso, intervino en mi historia. Silbó para ayudar a una inocente"
En Tilcara vivimos el horror. La indefensión de una joven ante quienes están al acecho. Esperemos que siempre haya un Abel que mira, ve y sabe que hay que decir.
En el horror Elisa se construye, vuelve a su raíz. Cambiada, cansada, enferma.
Como todo lo de Liliana, escritura de compromiso. Escritura de denuncia. Compromiso con la realidad y sobretodo, con la escritura.
Para acompañar la novela pueden viajar con Liliana desde aquí, donde tienen la bitácora del viaje y el proceso creativo.
