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domingo, 31 de mayo de 2020

La saga de los confines / Liliana Bodoc

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En este período tan extraño, me fui de viaje. Me fui a Las Tierras Fértiles, viajé desde el sur con los huisiwilkes y fui al norte a luchar pero sobretodo me encontré con Cucub un artista que cuenta la historia y las historias de los que lucharon contra el Odio, nacido de la saliva de la Sombra, la muerte.
Escrita con destreza y con magia, Bodoc nos lleva de la mano en esta saga, que como ella dijo, nos permite soñar que la historia fue otra, que los pueblos originarios lograron derrotar a los conquistadores. Brujos que son parte del pueblo y que se mueren defendiéndolo. Mujeres sabias como Kush o Kuy Kuyen. Me cuesta repetir los nombres pero aseguro que es una saga muy entretenida, de esas que cuesta dejar de leer y que cuando terminas da dolor en el corazón. 
"Digan que está cansado. Y que camina con dolor. Que parece un anciano cuando calla y parece un niño cuando sonríe. Digan, también, que continúa cantando contra el Odio. Porque aprendió, de tanto andar la tierra, que el Odio retrocede cuando los hombres cantan"
Así terminan y eso es lo que espero, que le ganemos al odio.


jueves, 14 de mayo de 2020

Cuando San Pedro viajó en tren / Liliana Bodoc

 Cuando Nicanor cumplió nueve años, el pueblo (San Pedro) cumplía ciento diez. Un pueblo que se quedaba sin gente que buscaba “suerte en otros sitios”. Eso hizo primero el papá de Nicanor. Y muy pronto también él se tomo el tren con Ofelia, su mamá.
 Para irse debieron enfrentar un viaje largo. Durante la noche, mientras todos los pasajeros duermen, Nicanor camina hacia la locomotora que “…era el lugar más alejado de San Pedro”. Hay personas que cuando se van de un sitio se llevan consigo “su pueblo entero como equipaje”, le dice el guarda. Y eso hizo Nicanor aún con el paso del tiempo.

Es un cuento donde en un momento el relato escrito se detiene para dejar que narre la imagen. Y es la imagen la que cuenta recuerdos y dibuja el paso del tiempo. Crece el personaje, crece la historia y el tono sepia se vuelve de color. Valeria Docampo crea un clima acogedor, de nostalgia, que se amalgama a la escritura casi cómo un diálogo como un libro álbum.
Los recuerdos, la distancia, la nostalgia y sobretodo el desapego. Podemos dejar las raíces, el terruño sin que quede huella en nosotros? Qué significa para cada uno el lugar donde nacimos?
Un libro que nos habla de todo eso, que nos hace emocionar y pensar. 
Es un libro para niños, creo que para niños de cero a doscientos años.



Sucedió en colores / Liliana Bodoc


Cuando cae la nieve
la mansa gaviota
no teje tricota de gruesa lana
Ella toma leche, dulce y calentita,
en una tacita de porcelana

Estos versos eran los que recitaba el padre de Liliana, cuando era muy chiquita.
Era un ritual: los viernes a la tarde, luego de recibir el señor que traía queso y dulce, se sentaban los hermanos a merendar y escuchar a su padre recitar versos para descubrir de qué color se trataba.
Un ritual que se repetía tanto como las adivinanzas, pero como todo ritual, se espera, se escucha, se adivina, pero sobretodo es una comunión. Con todo lo importante pero sobretodo mágico que tiene un ritual de familia.
Inspirada en esto, la escritora crea estos cuentos, uno por cada color. En ellos no menciona ni una vez el color al que se alude pero percibimos de cuál se trata.
Muy bien escritos, como nos acostumbra Bodoc. Ingeniosos, con humor, con nostalgia, con emociones. Cuentos para compartir en familia, repitiendo el ritual de los Bodoc.
Mi preferido es Negro, aunque para mi no sea un color, aunque simbolice tantas cosas tristes.
Fragmento:

Ocurrió cuando el diablo abandonó sus fuegos por una vendedora de manzanas.
En ese tiempo, muy lejano de este día, los mercados callejeros eran el corazón del mundo.
Cada ciudad tenía un mercado lleno de colores, olores y ruidos donde la gente se reunía a vender y comprar, a discutir sobre los reyes, los eclipses y las cosechas... Y a enterarse de las últimas noticias.
Pero, entre tantos mercados, hubo uno que se hizo cuento porque allí llegó el diablo enamorado.
Su nombre era Mercado de las Rosas; el más colorido, oloroso y ruidoso de cuantos se conocieron.
El Mercado de las Rosas fue famoso por sus pregones, esas cancioncillas que nos invitan a gastar nuestra última moneda para comprar algo que no necesitamos.
Y los vendedores del Mercado de las Rosas eran realmente buenos para eso.
—Frutillas tengo y más,
tengo frutillas
para pintar la boca, y dulces
tengo frutillas.
—Nunca hemos escuchado pregones más convencedores que estos —decían las buenas personas. Y no se equivocaban.
—¡Hay langostas, langostas!
¡Las de ojos tristes...,
las más sabrosas!
Cuando el color del amanecer separaba la Tierra del cielo, los toscos vendedores se transformaban en poetas....