Releer la gran novela de Mary Shelley, es sobretodo placentero. Tengo una personalidad obsesiva y me he vuelto acumuladora de objetos temáticos. Mary Shelley ha pasado a integrar mis obsesiones. Hace años en el programa de radio de Alejandro Ferreiro, escuché la historia del surgimiento de Frankestein. En ese entonces simplemente lei la novela y me quedó pendiente leer las otras creaciones que se realizaron en esa estancia del año sin verano en Villa Diodati, Suiza. Por un desafío surge este relato de Mary, la unica mujer en ese encuentro. La propia escritora, dice que engendró el relato en la noche, sin poder conciliar el sueño. Mary por entonces, era pareja de Percy Bysse Shelley, tenía 16 años. Pensar que la criatura más famosa del terror, fue creada por una jovencita, es admirable. Pero más admirable es que está escrito con varios estilos que conjugan a la perfección: epistolar, diario, relato. Varias voces: Victor Frankestein, el marino Robert Walton, la propia criatura.
Es además, de una gran profundidad filosófica, cuestiona la ciencia, la creación, la responsabilidad del científico. Es posible crear vida? Y de hacerlo, qué hacer con ella?
La soledad del diferente, la violencia hacia lo distinto, hacia lo que se aleja de la norma. Que ven cuando nos ven? Una criatura repudiada por el científico, que la abandona, condenándola al dolor más profundo. Una criatura que ni nombre tiene. Vive en la más absoluta orfandad. De una inteligencia privilegiada, logra aprender a hablar, a leer, a entender y emocionarse con grandes clásicos de la literatura: Paraíso perdido de Milton, las Vidas Paralelas de Plutarco. Es sensible, solidario. Pero a cambio, recibe desprecio. Eso, lo vuelve vengativo, despiadado.
Condena la sociedad al diferente y luego lo castiga por sus actos.
Entiendo que es una obra para leer con los jóvenes, para disfrutar de una buena lectura y para cuestionarnos y que ellos nos y se cuestionen estas preguntas sobre la razón de la vida o...la vida tiene alguna razón.
Somos en los vínculos, somos con el otro.
Leer literatura nos permite vincularnos.
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