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domingo, 8 de agosto de 2021

Matilde / Carola Martínez Arroyo

 

Leer sobre la última dictadura del siglo veinte, que tristemente compartimos los latinoamericanos del sur, Plan Cóndor mediante....bueno parece una obsesión de mi parte. Probablemente lo sea. Esa obsesión me ha dado el placer de enocntrarme con joyas como Matilde. 

Matilde vive con su abuela y su madre, en Santiago, no sabe dónde está su papá y no puede decir nada. El pacto de silencio la angustia. Inventa un padre viajero que construye puentes en países lejanos.  Ella añora a su papá, cariñoso, atento a sus preguntas que ahora nadie parece querer responder. 

Además de una escritura impecable, logra transmitir lo que siente un niño en tiempos de terror cuando parece que no tiene que preguntar porque no son cosas de niños. El silencio, el secreto, se vuelven un enredo en esta niña. Conoce una niña , con quien entabla amistad y cuando ve una foto de Pinochet en casa de esta amiga, siente miedo. No es fàcil entender que una niña simpática y amistosa con una mamá cariñosa tenga aprecio de ese que es el responsable de que su papá no aparezca, que su madre esté absolutamente triste y su abuela se haya vuelto gruñona.

Todo esto termina enfermando a Matilde y seguramente dejando una marca que la llevará para siempre en sus entrañas. 

Los capítulos finales están ilustrados no tienen palabras escritas. Entendemos perfectamente cómo ha crecido esta niña y qué ha sido de su vida. 

El epílogo está escrito, con las palabras justas y necesarias y termina con una ilustración también de Power Paola, Esa ilustración es casi una imagen muy entrañable y me hace pensar y sentir lo que sentimos cada 20 de mayo.

No pude evitar conectar esta lectura con La composición de Skármeta, también en Chile, Pedro ingeniosamente miente para salir airoso de algo que suponen los adultos que no entiende pero que en realidad sabe muy bien qué es lo que no debe decir. También, como estoy releyendo a Bodoc, recordé que ella inició su vocación narrativa, en la infancia cuando el dolor de perder a su mamá a los seis años, la llevaba a mentir. Personalmente a mis nueve años cuando las fuerzas de represión entraron en casa una madrugada y se llevaron a mi madre, ante la pregunta de uno de los señores del orden sobre con quén estaba mi mamá, les dije que no veía cuando dormía. La angustia y el dolor por esos desparecidos que fueron personas que conocí, con las que hablé, que me contaban historias y leían libros...esa angustia no se va nunca, eso comparto con Matilde.

Gracias Carola por esta novela y gracias Débora por conseguirla sos siempre mi cómplice y la mejor encontradora de libros.





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