Los argentinos han sido mucho más productivos en lo que refiere a investigar, pensar, escribir sobre qué pasó en la dictadura. La literatura infantil no ha sido la excepción. Somos rioplantenses, muchos entrerrianos y cordobeses se sienten muy cerca a nuestra cultura, nuestro modo de ser y vivir, pero en este tema, un dolor compartido, no se ha resuelto de la misma forma. Así que encontrar libros para chicos que nos facilitaran el diálogo con las nuevas generaciones, fue un regalo importante.
Piedra, papel o tijera de Inés Garland, editado en nuestro país por Criatura, bueno por lo menos fue editado acá, es una novela muy intensa. La he regalado una diez veces. Es que cuando terminé de leerla, necesité compartirla. Así que como no me iba a alcanzar para prestarla, la iba comprando y regalando. Espero que los ejemplares regalados hayan sido leídos por mucha gente. No se si viene al caso, si interesa al que por alguna razón extraña esté leyendo esto, pero el final me hizo llorar. Llorar intensamente, a mares, cosa que no sería nada si no fuera que estaba en un bus, repleto de gente en hora pico. Me hubiera gustado estar con alguien a quien poder abrazar.
A veces un río, por más chico que sea, separa no solo dos terrenos sino también dos universos diferentes. Entre la casa en la que Alma pasa los fines de semana con sus padres y la modesta vivienda de doña Ángela solo hay un riacho, y sobre él un puente colgante. La protagonista revive en esta novela las aventuras de la infancia junto a sus vecinos Carmen y Marito, la rápida llegada de la adolescencia y todos sus cambios, la incomprensión de sus padres, las fiestas a las que podía ir y los bailes que tenía prohibidos... Recuerda también el primer amor vivido en la piel, que arrasa con todas las certezas y la enfrenta con elecciones que ya no se resuelven jugando piedra, papel o tijera.
El pequeño mundo protegido de su colegio en Buenos Aires y la compleja realidad de sus amigos en Tigre son las orillas opuestas de un río que Alma salvará haciendo equilibrio sobre un puente frágil, bajo el que fluye un peligroso caudal de secretos, traiciones y dolorosos descubrimientos.
Esta es la síntesis que aparece en la página de la editorial. Puedo agregar que es absolutamente reveladora. Nos narra cómo mientras algunos vivían clandestinos, otros eran torturados en un pozo, otros ya, seguramente estaban en el lecho del río, quizá, en el mismo lugar donde se desarrolla la novela, había quienes viajaban a Miami a desarrollar un consumismo intenso, ignorante y que determinada clase celebraba. Luego de leer este libro no he vuelto a El Tigre, seguramente me conmovería tanto como cuando estuve en Valparaíso pero no viene al caso.
Paula Bombara, una escritora de voz dulce, escribió: El mar y la serpiente una novela basada en su experiencia personal como hija de un desaparecido y una madre que estuvo secuestrada un período.
El epígrafe del libro, dice mucho del sentir de Bombara, o quizá sólo me parece a mi:
Lo que me asombra es no haber abandonado por completo mis esperanzas, que parecen absurdas e irrealizables. Y, sin embargo, me aferro a ellas a pesar de todo y sigo creyendo en la innata bondad del hombre. ANA FRANK, Diario
Cómo contar la ausencia y el dolor que esa ausencia provoca en una niña:
Papá no está. Digo ¿y papá? La abuela llora para dentro. Ya viene, dice. Mamá está seria. El abuelo y mamá se van a la cocina y cierran la puerta. La abuela dice, ¿querés jugar con la muñeca de la abuela? Digo, sí.
Gracias a Paula, podemos sentir esa ausencia. El final, lo he leído a muchos niños, tiene dos cosas importantes: bien escrito, desde un lenguaje accesible y en especial para los niños.
Hoy nos faltan 30.000 personas con nombre y apellido. 30.000 es un montón de gente. Ya no nos tropezaremos con ninguna de ellas en la calle. Ya no les compraremos chicles, si es que algunas decidían ponerse un quiosco. Tampoco les pagaremos la boleta del gas, si es que algunas terminaban trabajando de cajeros en un banco. Un agujero de 30.000 personas que podrían haber hecho tantas cosas… No están ni para preguntarles la hora. Pero bueno, no podemos cambiar el pasado. Lo que sí podemos es recordar que nos faltan injustamente. Yo jamás podré olvidarlos. Lo tengo a mi papá, que me recuerda siempre a los otros 29.999.
¿Quién soy?
Textos: Paula Bombara, Iris Rivera, María Teresa Andruetto, Mario Méndez. Ilustraciones: Irene Singer, María Wernicke, Istvansch, Pablo Bernasconi. Calibroscopio, 2013.Cuatro cuentos que retoman los casos reales de cuatro nietos recuperados. Un proyecto bien concebido para ser leído por niños y niñas, una carta, una invitación a saber, a preguntar y a encontrar a más nietos: la última historia, como cientos, no ha concluido: la protagonista busca a su mellizo, robado, como ella, cuando era un bebé. El texto informativo que cierra el libro y las experiencias de los procesos de escritura que narran los autores (un “detrás de cámaras” que encantará al lector) dan una dimensión de documento testimonial que enriquece el libro.
Un libro de composición excelente, cada cuento muy bien acompañado por una ilustración y documentación sobre cada caso.
Dice Andruetto, refiriendose a por qué escribir sobre estos temas: un escritor es una conciencia dialogando con el mundo y entonces ese mundo, de mil maneras metaforizado, aparece. Pero para que una obra alcance su forma estética (porque de eso se trata) no podemos hacer que lo social aparezca en nosotros como un mero mandato que nos hacemos o recibimos de otros, de modo que las ficciones de mayor calidad son siempre resultado de esa tensión entre lo monstruoso y su metaforización.
El cuento impacta no solo desde la imagen sino también por su tono: “Había una vez una isla pequeña y triste allá al final del mundo. En la pequeña isla triste sólo vivía un puñado de pobres pastores… Muy cerca de la pequeña isla triste había un reino grande y poderoso, gobernado por un malvado general extranjero”. Y, si bien las descripciones son acordes al “malvado general extranjero”, merecidas las bajadas de línea, tampoco se queda atrás con las que corresponden a la vieja dama que se pone “frenética” y va a “reconquistar” la isla. Hay una parte del relato donde se cambia de registro visual para contar la guerra desde el realismo y los dibujos en blanco y negro crean un fuerte impacto en el lector.
El texto lo tomé de Sandra Comino, de la página de Eterna Cadencia
Se puede cuestionar la pertinencia, si es válido incluir este texto entre los censurados, pero sabemos que la Guerra de Malvinas, tuvo un papel fundamental en el final de la dictadura militar argentina.


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