Querían que habláramos y viviéramos en blanco y negro. Querían penetrar en el espacio poético donde están las cosas inalienables, neutralizar el lenguaje, no dejar ni un rastro del registro en palabras de la pobreza social, de la posibilidad de otro mundo. No había que decir alpargatas sino calzado. Suprimir los regionalismos y, si era posible, volver a escribir con el pronombre "tú" y no el "vos" propio del habla de los argentinos.
Estas palabras de la escritora argentina Laura Devetach, representan lo que significa para nosotros ese período de la historia que compartimos con los argentinos.
Parte importante de mi infancia y toda mi adolescencia los viví en dictadura.
En lo personal puedo decir que a mi madre, la llevaron a prisión en 1972 y quedé en casa de mi abuela paterna con mi hermana, mi padre y una tía. Una familia paterna batllista pero que se mantuvo intocable en la dictadura, incluso en parte colaboracionista.
A la vez voy a decir que soy lectora desde niña, que la lectura fue mi refugio durante momentos tristes.
En determinado momento empecé a entender que tenía un debe con algunos que me constituyen, algunas personas que fueron fermentales en mi infancia y sobretodo en mi lectora de entonces y de hoy. Entonces, acompañada de mi cómplice, Débora Nuñez, empezamos a buscar qué libros habían sido prohibidos por el gobierno autoritario de los años setenta y ochenta en nuestro país. Obsesivas como somos, buscamos, compramos, preguntamos y al fin encontramos.
Hoy tenemos una colección de libros censurados, algunos son ediciones originales, otros reediciones, versiones, recopilaciones.
A eso agregamos material editado luego del regreso a la democracia, que tocan el tema de la represión, los desaparecidos y la dictadura, sobretodo publicado en Argentina. Acá, en nuestro pais, es un tema que se trata a cuenta gotas, puedo entender por qué, pero no viene al caso escribirlo acá.
¿Qué estaba prohibido?
En un taller un escolar me dijo: "estaban prohibidos los pensamientos"
Sí, la policía del pensamiento no es una fantasía absurda de Orwell, sino que es lo que buscan los gobiernos autoritarios: controlar y para eso prohibir manifestaciones artísticas y en especial literatura, porque quien lee reflexiona, se emociona, piensa.
En la selva queda mucho por hacer, un libro de Mauricio Gatti, tiene una composición estética muy renovadora , el mensaje es muy directo. Fue escrito por Gatti cuando estaba en prisión y lo escribía en pequeñas hojas que salían clandestinamente de la prisión. Era su forma de explicar su situación a su hija Paula.
Hay una versión en video y entre sus realizadores está Walter Tournier.Saltoncito de Paco Espínola. Editada originalmente en 1948, es una novela sobre un sapo príncipe que vive una serie de contratiempos, lucha contra la adversidad y llega al final habiendo logrado convertirse en adulto y en rey. Es la clásica historia infantil con el trayecto del héroe. De una gran riqueza poética, fue la novela que leímos todos los que fuimos escolares en los años setenta.
Paco, un gran cuentero, narrador y docente, nacido en San José de Mayo, falleció unas horas antes del Golpe de Estado. Sí, Saltoncito, murió de dictadura, no la pudo soportar.
Ha sido reeditado y Cal y Canto sacó una edición con ilustraciones originalmente publicadas en El Grillo, una revista sobre literatura infantil y educación publicada por CEP. Esta revista organizó un concurso para escolares sobre ilustraciones del famoso sapo, esas son las que aparecen en esta edición muy cuidada.
Como merece un héroe tan famoso tiene un Radioteatro Saltoncito
Las ilustraciones originales, son de Guillermo Fernández. Editorial Hecatombe, publicó un libro con la recopilación de las historias originales. Un documento imperdible para quienes investigan sobre ilustración en nuestro país, para quienes conocimos al sapo aventurero en los años sesenta y para quienes quieran acercare a una obra cuidada y elaborada con gran valor artístico.
Sobre Saltoncito censurado desde que nació nos dice Pablo Medina de la Nube

Perico de Juan José Morosoli, un libro de relatos sobre el tema rural, con un personaje: Perico. Uno de los cuentos: La granja, tiene un final crítico respecto al latifundio. Seguramente fue censurado por la sospecha del censor de estimular la reforma agraria.
En realidad ése era el relato censurado, así que las maestras de la época debían indicar a los niños que pegaran una hoja en blanco sobre ese relato, el resto se podía leer. Vemos qué creatividad tenían para limitar la libertad.
Las ilustraciones son de Pieri, que guardan similitud con las de Ayax Barnes quien mencionaremos a continuación.
Es reeditado por Banda Oriental, en un formato grande con ilustraciones de Denisse Torena.
El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc, ilustrado por Ayax Barnes. Este cuento tiene varias puntas para ser censurado: sus autores, la temática y la editorial. Digamos un superprohibido. Es un pueblo en que el soberano ordena pintar todo de gris, hasta que las casas serán pintadas de tres colores: rojo azul y blanco. Esos colores no estaban permitidos en el pueblo del cuento y e el pueblo uruguayo.
Del mismo dúo creativo: La línea es un relato en forma de álbum, en que a partir de una línea nos va contando una historia o mejor trasmite una ideología revolucionaria. Ha sido reeditado por El Eclipse una editorial argentina y no sabemos bien por qué la linea pasó de ser roja a ser azul. La edición original, premidada por Casa de las Américas, no la hemos logrado conseguir, tenemos algunas ediciones con la linea roja y esta del Eclipse. Pueden ver el video
El cachorrito emplumado es un libro maravilloso, que trata las aventuras de un niño indígena, crado por Elena Pesce y que tiene el mérito de ser prohibido por su exceso de fantasía.
Elena dice sobre ella misma:
Montevideo era una ciudad tranquila cuando vine al mundo un día de Navidad, hace muchos años. Los autos no tenían alarmas. No había semáforos en las calles. Mis hermanos y yo íbamos al cine, a ver películas de “el gordo y el flaco”. Me encantaba el cine. Por un tiempo quise ser actriz. Más adelante me aficioné al dibujo y los libros. Un día quise relatar cosas que mi imaginación me dictaba y dudé entre ser pintora y escritora. Mientras crecía, mis dedos se hicieron más diestros en crear vida con las palabras que con siluetas y dejé de querer ser pintora. Con el tiempo, dudas y aspiraciones se juntaron para empujarme hacia el logro de mis metas, y me siguen empujando.
Las reediciones son recientes y tienen ilustraciones de Sebastián Santana. El original no lo hemos logrado conseguir.
Cinco historias, cinco leyendas ambientadas en el “mundo de hace tiempo”, donde los charrúas corrían por los campos en armonía con la naturaleza, donde las estaciones ordenaban qué comer, qué vestir, a qué temerle. Maravillosa prosa lírica cargada de imaginación y ternura. Urutí forma parte de aquellos personajes a los cuales recordamos

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